Incidencia
Llevamos el transporte popular a las conversaciones donde se definen políticas, prioridades e inversiones.
Informal, paratránsito, artesanal, provisional… nosotros lo llamamos popular: de la gente, para la gente. Nueva York, Hong Kong y Ciudad de México muestran que la pregunta no es si existe, sino cómo lo gobernamos.
La Red Global por el Transporte Popular reúne a personas investigadoras, consultoras, activistas, empresas, operadoras, agencias e instituciones comprometidas con reconocer, apoyar, mejorar, integrar y descarbonizar el transporte popular.
Llevamos el transporte popular a las conversaciones donde se definen políticas, prioridades e inversiones.
Producimos e intercambiamos evidencia, experiencias y herramientas entre ciudades y regiones.
Creamos encuentros, diálogos y espacios para conectar autoridades, operadores, academia, sociedad civil y personas usuarias.
Peseros, combis, matatus, tuk-tuks, jeepneys, mototaxis, ciclotaxis… el transporte popular cambia de nombre y de vehículo según el territorio. Lo que comparte es su capacidad de responder a necesidades de movilidad que otros servicios no cubren.
No es una sola tecnología ni un solo tamaño de vehículo. Entender el sistema exige reconocer esta diversidad antes de decidir cómo transformarlo.
Unidades registradas como “camiones para pasajeros” de servicio público, utilizadas como proxy nacional.
Bajaj, TVS, Piaggio, Italika y adaptaciones locales, con fuerte presencia territorial.
Operan por plataforma en alrededor de 15 entidades y con marcos regulatorios distintos.
Registros en CDMX que muestran la escala de servicios de barrio y primera/última milla.
Ante una situación como esta, la primera reacción de política pública puede definir todo lo que viene después.
¿Cuál debería ser el primer movimiento del gobierno?
“Informal” describe una relación con la norma; no alcanza a describir qué hace el servicio, a quién mueve ni por qué existe. Hablar de transporte popular permite mirar juntos microbuses, vans, mototaxis, ciclotaxis y otras soluciones territoriales sin asumir que todas requieren la misma respuesta.
El patrón común no es la geografía: es la tensión entre una necesidad de movilidad que ya existe y una regulación que intenta alcanzarla. Cada ciudad muestra una respuesta distinta.
Operan en corredores de Brooklyn y Queens donde los autobuses son poco frecuentes o están saturados, con fuerte presencia en comunidades migrantes.
La contradicción central: aun las vans autorizadas deben operar con viajes preacordados, mientras que la práctica cotidiana depende de recoger personas en la calle.
Los minibuses surgieron donde la oferta era insuficiente. El gobierno terminó legalizándolos y creó un sistema dual: los verdes tienen rutas, paradas y tarifas reguladas; los rojos conservan mayor flexibilidad.
El sistema pasó de tolerancia y expansión de los peseros a concesiones individuales y, desde 2017, a una transición hacia empresas de transporte con requisitos de flota, operación, tecnología y empleo.
El programa combina incentivo de chatarrización, crédito, GPS y cámaras, tarjeta integrada, patios, formalización empresarial y derechos laborales.
La parte difícil estuvo en coordinar diseño técnico, financiamiento, negociación, regularización y operación al mismo tiempo.
Instrumentos del programa: bono de chatarrización de MXN 450,000 por unidad, acceso a crédito, selección de fabricante, estudios de dimensionamiento, regularización, tecnología y supervisión.
Las cifras y el mapa corresponden al material de Smart Cities / SEMOVI 2024 incluido en la presentación.
Las nuevas empresas deben operar flota moderna con GPS y cámaras, usar la tarjeta de movilidad integrada, contar con patios, contratar a las personas operadoras con derechos laborales y constituirse formalmente con los antiguos titulares como accionistas.
La ruta propone cambiar la lógica de intervención: no empezar por la sanción, sino por comprender el sistema, construir confianza, habilitar mejoras y después consolidarlas con reglas claras.
La ruta no es una escalera rígida. En la implementación real, diagnóstico, participación, financiamiento, regulación y operación se superponen. Su valor está en mantener el orden lógico de las decisiones sin simplificar la realidad.
Conocer la operación real antes de diseñar la intervención. El punto de partida son estudios y censos, pero también observar cómo funcionan rutas, bases, paradas, frecuencias y prácticas cotidianas.
La transición combinó visitas a bases con estudios de dimensionamiento de flota, paradas y modelo financiero. El diagnóstico no fue únicamente documental.
Una línea base común permite distinguir qué debe preservarse, qué debe mejorar y qué necesita regulación.
La transformación depende de reconocer a quienes hacen posible el servicio y de construir confianza en todos los niveles.
La mejora del servicio requiere alinear incentivos, capacidades, financiamiento y condiciones de operación.
Las reglas consolidan la transformación cuando reconocen la operación real y establecen derechos, obligaciones y mecanismos de seguimiento.
Distintos cuellos de botella requieren distintos puntos de entrada. ¿Cuál se parece más al contexto de tu ciudad?
Una pregunta transversal: ¿qué parte de esta secuencia suele saltarse tu institución?
La regulación es importante, pero llega mejor cuando se construye sobre diagnóstico, confianza y capacidades.
GNPT conecta a quienes regulan, operan, investigan y usan el transporte popular. Estos son algunos de nuestros próximos espacios de intercambio en 2026.
Una conversación sobre cómo hacer visible el sistema, medirlo mejor y convertir datos en decisiones públicas.
Conocimiento compartido. Movimiento compartido. Transformación compartida.
Un espacio para discutir cómo integrar sin borrar la flexibilidad, cobertura y conocimiento territorial que ya existen.
GNPT y sus aliados desarrollan espacios de aprendizaje aplicado en distintas regiones del mundo.
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